martes, 9 de febrero de 2016

Quique Pesoa: "El periodismo es una farsa"

En el estudio de radio montado en su hogar de San Marcos Sierras, Córdoba, donde también funciona la hostería ‘La Merced’ que llevan adelante con su compañera Leda Berlusconi, el periodista, locutor, conductor y músico rosarino de 65 años, Enrique “Quique” Raúl Pesoa, dialogó con Nexocomunicante sobre el rol del periodismo en la actualidad, el contexto político regional de los últimos años, algunas de sus pasiones como la música y la radio y acerca de su programa semanal ‘El Desconcierto’, de tres horas de duración, que transmite por streaming (vivo por internet) y que puede ser replicado por otros medios y bajarse libre y gratuitamente de la página www.eldesconcierto.com.ar.    
 


-Sos un gran referente de los medios, de la locución, del periodismo, pero nunca estudiaste Periodismo. Por supuesto que lo ejercés y tenés una importante trayectoria. Entre otras carreras cursaste Arquitectura en Rosario. ¿Cuál es tu formación académica?

-Formación académica periodística no tengo ninguna. En realidad yo hice un par de años de Medicina, hice cuatro años de Arquitectura, hice un año de Ingeniería, me metí un par de años en Bellas Artes. Es decir, la academia en el caso mío pasa por haber ido casi sin querer armando un back up de conocimientos que me parece que superan a la academia que está muy aburrida y venida a menos.

-En los últimos años en Argentina hemos pasado por un proceso de tener una Ley de Radiodifusión de la dictadura cívico militar a lograr una Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (LSCA) cuyas principales premisas son declarar a la comunicación y al acceso a la información como derechos humanos y democratizar el acceso al espectro radioeléctrico que es un bien escaso. Hoy en día, la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (AFSCA) ha sido intervenida por el nuevo gobierno y no se permitió que el titular, Martín Sabbatella, concluyera su mandato, entre otras graves consecuencias. ¿Qué opinión te merece todo este proceso?

-En principio, cuando apareció la nueva Ley de Medios en realidad yo pensaba que cualquier Ley de Medios parida a la luz de una democracia, aunque de baja intensidad pero democracia al fin, iba a resultar mucho mejor que esa ley, la 22.285, firmada por Videla, Martínez de Hoz, Harguindeguy, Elena Amadeo y Washington Pastor. Curiosamente esa ley de los militares tenía un artículo, creo que era el 45, que era antimonopólico. Curiosamente, digo. Tengo que admitir que esa ley de los militares tenía un artículo antimonopólico. Antes de la salida de la nueva Ley de Medios estuvimos como 25, 27 años de democracia y nadie pudo tocar esa ley. Seguíamos con la ley de los milicos. El único artículo que se había tocado, lo recuerdo, era ese justamente que le impedía a Clarín tener un multimedio. Cuando se anula ese artículo, fue lo único que se tocó de la ley de medios de los militares. Qué curioso, ¿no?, que en veintipico de años no se haya podido tocar, 300 diputados, 100 senadores, en este país, no se metieron nunca, como no se han metido todavía con la Ley de Entidades Financieras. Siguen pasando los gobiernos y de eso no se habla. Pero el caso de la Ley de Medios del kirchnerismo tiene un par de costados, digamos en líneas generales, se puede analizar mucho más en profundidad, pero vino a reemplazar una ley de los militares lo que en sí es bueno. Se parió a la luz de una reyerta entre el gobierno y el Grupo Clarín lo que en sí es horrible. Parir un una ley para de alguna manera justificar o blandir una especie de garrote, porque la Ley la hicieron y la tuvieron cajoneada un tiempo, iban como amagando, ‘mirá que si pasa tal cosa saco la Ley’. Bueno, la Ley salió al final cargada de defectos y llena de virtudes. Cuando Macri asume el gobierno lo primero que hace es deshacer esa Ley que le estaba impidiendo al Grupo Clarín continuar con sus negocios. Es decir, le hizo el campo orégano. Pero también, si miramos desde el punto de vista de lo negativo lo que está haciendo es terminar con esa Ley, a ver si se puede parir una nueva, pero terminar con esa Ley, y con todos sus costados perversos que tenía, ya que insisto, fue parida como un arma para ‘combatir a’ y no una Ley para el beneficio de la gente.

-Dentro de los defectos y las virtudes de la Ley de Medios que mencionás, ¿cuáles podrías destacar?

-Como virtud, el famoso tercio dedicado a aquellos medios de comunicación que no son negocio, a esas ONG que necesitaban comunicación, las universidades y a todas aquellas instituciones tipo cooperativa que no tenían acceso, eso me parece realmente bien. Ahora, también en la continuidad, poca bola le dieron en la aplicación de esa Ley cuando a todo ese tercio no le facilitaron ni dinero para financiar proyectos ni le facilitaron la frecuencia. Digo en general, algunas saltarán y dirán ‘no, a nosotros nos dieron’ pero en general cuando uno trata de analizar estas cuestiones se trata de tener una mirada un poco más abarcadora. No le dieron bola al tercio y eso me parece que fue negativo.

-Como decía Rodolfo Walsh, “el periodismo es libre o es una farsa”. ¿Cuáles serían tus consejos para un/a estudiante de Comunicación o alguien que está haciendo sus primeros años en el periodismo?

-Lo voy a corregir a Rodolfo Walsh, el periodismo es una farsa. No necesito agregarle el pedacito que Rodolfo, en aquellos momentos de lucha, le agregaba. Hoy en día la información se ha convertido en una mercancía concretamente; se compra y se vende. Con lo cual, carece de credibilidad absolutamente. No hay medios creíbles o medios no creíbles. Son todos increíbles. Entonces digo, bueno, cuál es el consejo para alguien que está comenzando a estudiar, primero el reconocimiento de la realidad, no dejarse engañar por esta realidad, generar pensamiento independiente, generar pensamiento crítico; casi te diría transformarse hoy en día a cómo están los medios en una especie de cínico, ‘no le creo a nadie, me creo a mí mismo solamente’. Esto no sé si sirve para un estudiante de periodismo, tampoco sé si sirve estudiar periodismo, tampoco sé si el periodismo existe o existió alguna vez tal y cual lo imaginamos. En algún tiempo pensábamos que existía la posibilidad de la objetividad. Después eso nos lo sacamos de la cabeza, no por corrupción sino por André Malraux, por ‘La condición humana’. El ser humano tiene un sistema perceptivo, percibe per sé y cuenta lo que vio, cuenta lo que oyó y cuenta lo que sintió, por lo tanto toda información es subjetiva, o subjetiva a algún medio o subjetiva a aquel que la escribió, subjetiva al periodista que la redactó o al que la dijo. La objetividad en realidad hemos demostrado, no existe. Y no tiene por qué existir. Lo que yo necesito es creerte. Lo que yo necesito es creer en la imagen que vos me estás transmitiendo pero también lo que yo necesito es generar albedrío, pensamiento independiente para no comerme todos los sapos. Sino como sociedad estamos transformados en un ato de pelotudos que nos creemos todo lo que los medios van diciendo. Peor todavía, nos polarizamos. Entonces le creemos a Página|12 o le creemos a Clarín. Otro disparate el tema de la polarización. Por qué no una postura libre, de libre pensador, donde vos puedas analizar como lo hicimos recién que algunas cosas de la Ley estaban bien hechas y otras cosas eran un disparate, que algunas cosas estaban bien pensadas pero después muy mal construidas. Entonces digo, a mí me gusta que el periodista que me está contando algo tenga un pensamiento propio para que, si yo también lo tengo, se produce una confrontación, me entran balas, puede el tipo modificar mi estructura de pensamiento, pero primero tengo que tener una estructura.

-Has entrevistado a un centenar de músicos de la talla de Atahualpa Yupanqui, Cuchi Leguizamón, Leda Valladares, Jorge Fandermole, ¿Qué es lo que más te gusta de tu profesión y trayectoria personal?

-Creo que el haber elegido en un momento dado el tipo que yo quería ser, qué tipo quería ser. Bueno, hay diferencias con algunos otros conductores y periodistas. Hay mucha gente que compra una especie de overol, una especie de muñeco, se lo pone, labura de ese muñeco y después se lo saca y se va a su casa, retoma su vida. Yo siempre traté, en lo posible, de ser lo más yo que se pueda, lo más genuino que se pueda tanto en el aire como fuera del aire. Tanto es así que a mí se me han mezclado un poco los personajes y yo sé que soy una especie de personaje, me divierte esto, no lo vivo como una esquizofrenia, me divierte esto y me divierte haber podido elegir en un momento dado ser lo más genuino posible. Decir las cosas que pienso, pensar en voz alta, cosa que para algunos es muy peligroso porque en líneas generales lo que hay que hacer es autocensurar un poco las cosas. Digo, yo soy un poco más zarpado, no como vidrio pero soy un poco más zarpado y entonces creo que eso también va conformando un estilo de trabajo y de comunicación.



-Estás en pareja con quien fue tu productora, Leda Berlusconi, tienen cinco hijas, tres de tu matrimonio anterior y dos de ambos. ¿Cómo surgió la idea de venir a San Marcos Sierras y a levantar esta hermosa hostería ‘La Merced’?

-Creo que la idea, como tantas otras en otra gente también, puede surgir a partir del reconocimiento, de la percepción y el reconocimiento de lo que significan los ciclos. Aquí hay que insistir en un ciclo que vos vas viendo, avizorando, te vas adelantando, que en algún momento se va a terminar. No queremos largar nada, no queremos renunciar a nada, no queremos desprendernos de nada, es una cosa que cuando la trasladás a los ciclos de la vida y de la existencia poca gente de alguna manera lo piensa muy seriamente y decide de acuerdo a ese pensamiento. Entonces nosotros, bueno, yo viví en Rosario hasta los 35 años, después me fui a trabajar a Buenos Aires, vivimos con Leda 20 años en Buenos Aires, en el centro de Buenos Aires en Callao y Corrientes, vivimos 20 años muy lindos pero también creo que tenemos una viveza interesante. Nos vamos dando cuenta de cómo van cumpliéndose esos ciclos y nos vamos adelantando. Yo siempre le digo: ‘vamos a adelantarnos al destino’. Nosotros alguna vez construimos una casa muy linda donde vamos a veranear en San Marcos Sierras siempre con el sueño de irnos en algún momento. ¿Qué estamos esperando? Notamos en un momento, allá por el 2004, que los medios comenzaban como a embudarse. No existía lo que existió hasta hace poco y existe hoy en día que es la polarización. No se hablaba de polarización, no se hablaba ni de grieta, ni de esas cosas, se hablaba del pensamiento único. Todo el mundo decía lo mismo. Nadie sacaba los pies del plato, todo el mundo opinaba lo mismo, parecía que estaba todo bárbaro. Y en realidad, nos empezamos a dar cuenta que ese pensamiento único estaba de alguna manera influenciando el pensamiento de aquellos que trabajábamos en los medios. Y dijimos: ‘nos va a resultar cada vez más complicado conseguir lugares donde trabajar con cierta libertad, con cierta independencia, con esa que nos gusta a nosotros. ¿Habrá llegado el momento de pasar a otra cuestión, de pasar a otro ciclo en nuestra existencia antes de que el destino elija por nosotros, antes de que esta ciudad, Buenos Aires, nos eche? Vámonos así podemos volver. El que se va sin que lo echen vuelve sin que lo llamen. Bueno, vamos así podemos volver a esta ciudad. Decidamos nosotros un poco antes’. Fue así como nos vinimos, esta casa ya estaba hecha, yo me construí este estudio y empezamos a hacer la hostería. Y la verdad es que hace 12, 13 años ya que estamos acá, desde enero del 2004, y estamos muy bien.

-¿Te gusta el trato con los visitantes o preferís más resguardarte en tus quehaceres cotidianos?  

-Me gusta el trato, me gusta atender la hostería en función de las cuestiones prácticas que van haciendo falta. Yo hago el mantenimiento, me meto con electricidad, agua, cañería, lo que fuere y la verdad es que todo eso me entretiene y simultáneamente me voy relacionando con la gente. Mucha gente viene acá a visitarme, a ver cómo estoy, a ver qué estoy haciendo, etc. Ahora hay un chico afuera que vino a verme de otro lado, que ya lo vi con una bolsa con unos salamines, que yo rompo mucho las pelotas con el tema de los salamines, bueno, viene a saludarme, a charlar un rato como estás charlando vos ahora. Y yo decidí, bueno, en un momento dado dije: ‘yo provoqué este afecto, este cariño, este acercamiento’; ahora no puedo hacerme el histérico y decir que yo no atiendo más a nadie porque estoy cansado, eso me parece una estupidez, Me parece que hay que de alguna manera ser consecuente con lo que uno ha hecho por lo tanto yo salgo y saludo a todo el mundo. A algunos con más extensión y otros con menos extensión pero yo saludo a todo el mundo y, bueno lo has visto, en la hostería, durante los desayunos por ahí agarro la guitarra y silbo algunos temas. Cantar a la mañana sería una ridiculez y la verdad es que no quiero hacer un show, no puedo, no estoy en condiciones de hacer un show pero puedo acompañar con un poquito de música silbando y tocando algunos acordes en guitarra.

-¿Cómo te llevás con esta parte de nuestra historia que ha dejado una herida abierta, que fue la dictadura cívico militar, el Terrorismo de Estado? ¿En tu juventud has militado en alguna organización? Lo que nos quieras compartir.

-Nunca milité y siempre estuve analizando cuál fue mi grado de, sino culpabilidad, mi grado de responsabilidad. Y siempre estuve con esta autocrítica encima. Tengo 65 años, en el año 78 yo protagonicé un programa muy famoso en la ciudad de Rosario llamado ‘La mañana entera’ en una radio que se escuchaba mucho en toda la zona, eran muchos millones de habitantes, porque excedía la ciudad de Rosario y llegaba a casi toda la provincia de Santa Fe, por una radio que se llama LT8. Año 78, yo tenía 28 años. Digamos que difícilmente uno pueda aducir ignorancia. Y si uno aduce ignorancia está de alguna manera, trabajando en un medio de comunicación, reconociendo un grado de responsabilidad. Cómo vas a ser ignorante de una situación si trabajás en un medio de comunicación. No es posible, no estás trabajando en una bulonería. Estás trabajando en un lugar que de alguna manera estás modificando esquemas de pensamiento de la gente que está escuchando. Estás incidiendo en su pensamiento. Pues bien, yo no incidía en nada, yo me divertía mucho y la verdad es que acataba algunas órdenes que llegaban del segundo cuerpo del Ejército de Rosario, como puede ser un librito con los prohibidos, entonces Víctor Heredia, Mercedes Sosa, Hamlet Lima Quintana, todos ellos no podían salir al aire y yo acataba esto. ¿Cuál es el grado de responsabilidad? No entregué a nadie, eso me queda bien claro. Pero yo estaba trabajando en un medio de comunicación. ¿Cuál es el grado de, insisto, no de culpabilidad, de responsabilidad? Porque si no me gustaba como estaba la cosa y si entendía que la cosa estaba peligrosa, pues bien, andate; pues bien, dejá de trabajar ahí; pues bien, dejá de aprovechar el medio de comunicación como una herramienta simplemente para vivir, no es una herramienta simplemente para vivir. Quizá al no haber reaccionado de esta manera en que te estoy describiendo, por eso estamos charlando ahora y yo un ser vivo, pero bueno, hay que pensar en qué hacía uno en ese momento, no los demás, qué hacía uno en ese momento. Yo no he escuchado autocríticas de periodistas que tengan mi edad y hayan dicho: ‘bueno, yo en esa época hice tal y tal cosa y la va verdad es que (…)’, yo no he escuchado eso, nadie habla de eso. Digo, cada uno tiene que meterse un poco para dentro y hacer un análisis de lo que le pasó, de lo que pasó en ese momento si es que, insisto, tenía a su cargo un medio de comunicación o tenía a su cargo 40 alumnos en un aula, o tenía a su cargo cinco hijos, o cuatro hijos, o tres hijos, o dos hijos. Digamos, si nosotros como sociedad no podemos hacer una autocrítica de eso, no vamos a poder construir nada y le vamos a seguir echando la culpa a Cristina, a Macri, a Menem, etc.

-¿Cómo es tu acercamiento a la música?

-Soy músico y está conmigo siempre. Pocas veces encaré el trabajo profesional de la música. Digo pocas veces porque en líneas generales lo encaré como una especie de aditamento a mi trabajo como conductor, relator o lo que fuere. Hace muy poco hicimos un show con Esteban Morgado, llamado Mayor y Menor. Yo toco la guitarra pedorramente pero él es un monstruo tocando la guitarra, entonces yo me animaba a tocar la guitarra porque él estaba apoyándome y yo era un poco la voz cantante de un show muy divertido que estaba basado en acordes mayores y en acordes menores y en las letras que podíamos encontrar que tenían que ver con esa brillantez del acorde mayor o con esa cierta melancolía del acorde menor. Y bueno, ahí está la música, está todo el tiempo la música. Yo hago un programa de radio, pongo música, elijo la música, hablo de la música. En cientos de programas de radio la música es: ‘bueno, vamos ahora a un tema musical como para descansar un cachito’. ¿Descansar de qué? Si lo que estás haciendo es comunicar. Lo que sigue como música también es o debe ser también comunicación. Y entonces la música que yo he elegido no te la tiro como un balde de semifusas, la preparo. Te digo: ‘¿sabés que encontré acá? Bueno, encontré un tema que canta tal persona y que lo compuso fijate en qué situación tal otra persona. Escuchalo. Prestale un poco de oreja a la letra’. Solo con este ingreso, digamos de presentación a la música, ella se escucha de otra manera. Tiene otra importancia, pasa a formar parte del equipo de comunicación. No es una basurita más que pongo para ir a mear. No es eso. Es parte de la comunicación y tengo que analizar lo que voy a poner porque también es eso lo que quiero comunicar.



-Entrevistaste a Fidel Castro en Cuba. ¿Cómo fue esa experiencia?

-Nos invitaron a un Congreso de Periodistas Latinoamericanos y Caribeños en octubre del 2001 y personalmente yo no sabía que iba a estar Fidel en el Congreso, suponíamos que alguna pasada iba a hacer. Bueno, pues estuvo los cuatro días con nosotros. Terminaban las ponencias y las sesiones, yo estaba sentado en primera fila, se dirigía a mí porque yo estaba allí. Le llamaba la atención que yo era un argentino bien alimentado. Bueno, se armaban charlas interesantes y muy ricas con un tipo que en ese momento estaba gozando de buena salud. Es un tipo que tiene mi altura, los ojos claros penetrantes, es de los que te empujan cuando te hablan, me empujaba todo el tiempo con el dedo acá (se señala el pecho cerca del hombro). ‘Tú tal cosa y tú tal otra’ y te estaba empujando. Y bueno, teníamos la oportunidad de preguntarle cosas. Yo le pregunté a él qué es lo que iba a pasar con Cuba después de Fidel, ahí se hizo un silencio. Yo dije, ‘sí, yo la pregunta se la hago, porque todo el mundo se la hace, pero no la hacen a usted, ¿no?, que en definitiva es el mentor y el responsable de esta cuestión’. Usa mucho el humor, tiene muchísima información, él en octubre nos dijo’ Argentina va a estallar, no hay país que pueda aguantar lo que ustedes están aguantando’, dicho en cubano, ¿no? Y faltaban dos meses para diciembre del 2001, que es nuestro gran quilombo. Yo lo miré a Miguel Bonasso que estaba ahí, estaba Luisito Bruschtein, que era el editor de Página|12, lo miré como diciendo ‘será una metáfora del viejo, porque dijo la Argentina va a estallar’, dos meses antes. Así que al día siguiente, como Luis era el editor de Página|12, bueno, desde ahí mismo armamos toda la noticia y al día siguiente salió a página entera en portada la foto de Fidel y título catástrofe ‘Argentina va a estallar’. O sea que es un tipo que maneja un nivel de información insólito. Dedica su vida a la información y a la lectura. Dedicó su vida a la Revolución. Se puede discutir con él con respecto a si una revolución puede durar 50 años o no, o qué le pasa a una revolución que dura cincuenta años siendo una revolución, se supone que pasás a otro estadio, que es un estadio de alguna manera con un término, no para siempre. Y que las cosas para siempre como en este caso van produciendo un desgaste interno muy grande. Bueno, con él se puede hablar de todo esto. Hay cubanos con los que no podés conversar de esto porque o se enojan, o creen que estás en contra de Cuba. Pero hay otros cubanos con los que se puede charlar desde adentro. Estoy planeando ahora un viaje a Cuba porque ese viaje que hicimos a La Habana donde lo conocimos a Fidel, en realidad yo no conocí Cuba, estuve cuatro o cinco días metido adentro de un hotel con comisiones, laburando porque fue una invitación de Cuba, no nos invitaron a hacer turismo, nos invitaron a un Congreso de periodistas, o sea que bueno, había que trabajar. Nos pagaron todo. Éramos como 400 periodistas latinoamericanos y caribeños. Fue una cosa muy grande y muy interesante.



-¿Qué opinión te merece el hecho de que Cuba y Estados Unidos hayan reanudado relaciones diplomáticas?

-Era inevitable. El otro día yo decía ‘bueno, a ver, vamos a acordarnos de nuestras invasiones inglesas. ¿No? Que los rechazamos, que Beresford, que el aceite hirviendo en las calles, que las negras y los negros del Río de la Plata hirviendo la grasa para tirarles y ay, los sacamos cagando a los ingleses y seguimos festejando el triunfo sobre las invasiones inglesas. Se fueron y se dieron cuenta de que la verdadera invasión venía por otro lado, la verdadera invasión es cultural, la verdadera invasión es con los negocios, la verdadera invasión en ese momento era el contrabando, o sea que nos ganaron las invasiones inglesas no en una batalla como la que ganamos nosotros sino a través de todo el tiempo. Bueno, Cuba tuvo su Bahía de Cochinos y festejando todavía hoy en día el triunfo sobre las fuerzas norteamericanas en Bahía de Cochinos, pero bueno, los norteamericanos también se dieron cuenta de que no era interesante ese tipo de sistema. Es mejor la colonización cultural. Y avanzar con los neones, con el packaging y con toda aquella cosa que seduce al ser humano sí o sí desde los vidriecitos de colores a los indios hasta hoy en día que nos siguen seduciendo con el consumo. ¿Entonces qué pasó? Bueno, los medios de comunicación empezaron a llegar y a invadir el pensamiento cubano y era, te diría que era casi cantado que esto iba a suceder. También es casi cantado que hay mucho joven en Cuba que se está yendo de Cuba, se está yendo a buscar otros horizontes, ¿por qué? Porque vio los otros horizontes. Lamentablemente te hacen ver lo que quieren ver, entonces te parece que todos los horizontes son como doraditos y están cargados de volutas y son maravillosos pero no es así, el mundo es otra cosa. De cualquier manera, insisto, de la misma manera en que se festejó mucho el triunfo sobre las invasiones inglesas y luego nos dimos cuenta de que entre el empréstito a la Baring Brothers y todas las deudas que tenemos, estamos siendo colonizados desde hace mucho tiempo. En Cuba pasa lo mismo por lo tanto parece ser como un destino implacable esta relación nuevamente con Estados Unidos. Fue Estados Unidos en definitiva quien transformó a Cuba en un prostíbulo en los años 30, en los años 40, hasta la llegada de la Revolución, hasta Batista. Bueno, al Revolución le devuelve a Cuba una dignidad como gente, pero no alcanza. ¿Por qué? Porque la dignidad dejó de ser un valor interesante y apreciable. Más vale tener un Audi.

-¿Tenés la necesidad de estar informado al respecto de lo que es la agenda mediática hegemónica para nutrir tu labor profesional o preferís mantenerte al margen de eso?

-No necesito esa agenda. Yo hago un programa semanal que se llama El Desconcierto, que lo hago en este estudio donde estamos. Hace como ocho años que estoy haciendo este programa por streaming (vivo por internet). Lo subo a una página de la cual se puede bajar libremente, no hay password, no hay IP, número de nada, es totalmente libre y gratuito. Yo lo hago por comodidad mía personal los miércoles de 10:00 de la mañana a una de la tarde y mientras lo hago estoy haciendo el streaming, o sea que aquel que quiera escucharlo en vivo pone www.eldesconcierto.com.ar y escucha el programa. Y quien quiere escuchar programas anteriores, son de tres horas de duración, o sea que hay tres documentos mp3 que yo subo a la tarde, cuando termino el programa, como lo he grabado en esta compu, hago la compresión en tres documentos y lo subo la misma tarde y hay como 80 emisoras que algunas lo pasan en vivo bajando el streaming mientras lo estoy haciendo pero otras no, lo buscan a la tarde o al día siguiente y lo pasan otros días. Tengo al “Negro” (Martín) Incolla como productor. Lo más gracioso de esto es que yo laburo solo acá porque el “Negro” vive en Casa Grande, tengo otra que vive en Santa Rosa de Calamuchita, y después está el (Raúl) “Bigote” Acosta en Rosario, Luisito Mattini en Buenos Aires, Pedro Brieger que siempre anda dando vueltas por el mundo y yo lo llamo y es columnista también. Es decir, es una experiencia sumamente interesante, ya que estoy en el interior del interior. Ni siquiera estoy en Córdoba Capital, estoy a 150 kilómetros al noroeste. No necesito leer diarios, no necesito escuchar radio, con solo estar incorporado a la vida, a las cuestiones que van sucediendo no solamente en Buenos Aires porque parecería ser que lo que no sucede en Buenos Aires no sucede directamente, ¿no? Así que no estoy prendido a la teta de la información de la agenda oficial.

-¿Hacés un vino casero que se llama “Flor de Peludo”?

-Sí, tengo un amigo en Chilecito que se llama Federico Isaza que tiene unas cuantas hectáreas de viñedos y siempre voy y le robo unos mil kilos de uva. Él me llama y me dice ‘mirá, la cabernet está  bien ahora’ o ‘vení a buscar la bonarda’, o ‘la malbec está rica’ y que se yo, entonces yo me voy con mi vieja chata F100, modelo 71 y un carro, y mis 60 cajones de plástico y me traigo unos mil kilos de uva. Hago el viaje desde Chilecito hasta acá que son como 400 y pico de quilómetros, el mismo día que cortan la uva, ahí nomás arranco para acá y cuando llego hago la molienda. Tengo mi máquina moledora, mis tanques y bueno, a veces con diversa suerte, a veces me sale rico, a veces no. 

-Tienen un sistema de agua para la hostería a partir de una perforación. ¿De qué se trata?          
-En esta parte del pueblo hay agua corriente. El agua corriente siempre es escasa, entonces cuando nosotros dijimos ‘vamos a hacer una hostería’, pensamos ‘no podemos depender, una hostería con diez habitaciones, por más que sea una hostería chica, no podemos depender del agua corriente’, entonces hicimos hacer una perforación tipo ‘búsqueda de petróleo’ en la parte de atrás del terreno y estamos sacando agua de nuestra propia perforación a 30 metros. Tenemos como amuleto la canilla cerrada del agua corriente que ingresa de la calle por si nos falla la bomba o cosa por el estilo. Pero en realidad, la alimentación de los tanques de la hostería es una alimentación que depende de la corriente eléctrica. Porque si hay corriente eléctrica sube el agua desde la bomba hasta los tanques. El agua, insisto, está a 30 metros de profundidad. Muy rica.

-Hiciste un viaje en moto a Machu Picchu con un amigo. ¿Cómo fue esa experiencia? ¿Lo volverías a hacer?

-Eso fue muy loco. Ayer charlábamos con un amigo del alzhéimer, cuando llegás a los 65 años empezás a charlar del alzhéimer, es maravilloso. Y uno de los consejos que es por ahí casi estúpido, pero uno de los consejos que aparecía es que para aventar el alzhéimer y cualquier enfermedad que tenga que ver con la memoria, tenés que alejarte de hacer siempre lo mismo. ¿Viste que nos bañamos de la misma manera, hacemos los mismos movimientos? Todo el día está compuesto de un montón de movimientos repetitivos. Aquellos tipos que estudian neurociencia lo primero que hacen es aconsejarte que hagas cosas distintas todo el tiempo y que estés con la cabeza como con una especie de gimnasia permanente porque lo que te da el tedio, el aburrimiento de hacer siempre lo mismo, es la seguridad de que no te vas a equivocar, siempre hacés lo mismo entonces va a estar todo bien. Pero resulta ser que te están aconsejando lo contrario. Yo no me había subido nunca arriba de una moto, vino el hijo de un amigo que tiene la mitad de mi edad y dijo ‘me voy al Machu Picchu en moto’, le dije ‘te acompaño’, me dijo ‘pero si no sabés andar en moto’, ‘aprendo, hay tanto boludo dando vuelta en moto, un boludo más no puede haber’. Me dice ‘pero si no tenés moto’, ‘y la pido’. Así que bueno, le pedí la moto a un amigo, una moto grande y nos fuimos a una aventura maravillosa, 45 días, me caí de la moto, claro, como corresponde a todo imbécil que se sube por primera vez arriba de una moto, sin peligro porque en ese sentido soy cuidadoso, me podría haber pasado cualquier cosa, pero pintando arriba de una escalera te puede pasar cualquier cosa, y después cuando volví, volvimos de ese viaje maravilloso, me compré una moto, me compré una Hamaha Virago 750 y el mismo dueño al que le devolví la moto, a mi amigo, me dijo ‘me voy a Florianópolis a visitar a mi hija que vive allá’. ‘Te acompaño’, dijo Pesoa. Así que me subí yo arriba de mi moto y él arriba de la suya e hicimos un viaje también, de un montón de días de acá hasta Florianópolis y de ahí a un pueblito donde vivía la hija y nos quedamos diez días allí tonteando por Florianópolis. O sea que fue otro viaje maravilloso. Pero como te digo, ¿viste? van pasando las etapas y vos vas reconociendo en qué momento ‘bueno, ya está’, ¿no? Esto de la moto me parece que ya está estando. En una época me gustó volar e hice el curso de piloto  y volaba durante ocho, diez años, hasta que después dije ‘bueno, a ver, esto ya está. No pienso hacer toda mi vida esto’. ¿Viste? No es que me canse de las cosas, es que aparecen cosas que me atraen más. Esto pasa.

Enlace para escuchar el audio de la entrevista: https://archive.org/details/EntrevistaAQuiquePesoaEnSanMarcosSierras160208_201602 



    

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