En el estudio de radio montado en su hogar de San Marcos
Sierras, Córdoba, donde también funciona la hostería ‘La Merced’ que llevan
adelante con su compañera Leda Berlusconi, el periodista, locutor, conductor y
músico rosarino de 65 años, Enrique “Quique” Raúl Pesoa, dialogó con
Nexocomunicante sobre el rol del periodismo en la actualidad, el contexto político
regional de los últimos años, algunas de sus pasiones como la música y la radio
y acerca de su programa semanal ‘El Desconcierto’, de tres horas de duración,
que transmite por streaming (vivo por internet) y que puede ser replicado por
otros medios y bajarse libre y gratuitamente de la página www.eldesconcierto.com.ar.
-Sos un gran referente
de los medios, de la locución, del periodismo, pero nunca estudiaste
Periodismo. Por supuesto que lo ejercés y tenés una importante trayectoria.
Entre otras carreras cursaste Arquitectura en Rosario. ¿Cuál es tu formación académica?
-Formación académica periodística no tengo ninguna. En
realidad yo hice un par de años de Medicina, hice cuatro años de Arquitectura,
hice un año de Ingeniería, me metí un par de años en Bellas Artes. Es decir, la
academia en el caso mío pasa por haber ido casi sin querer armando un back up
de conocimientos que me parece que superan a la academia que está muy aburrida
y venida a menos.
-En los últimos años
en Argentina hemos pasado por un proceso de tener una Ley de Radiodifusión de
la dictadura cívico militar a lograr una Ley de Servicios de Comunicación
Audiovisual (LSCA) cuyas principales premisas son declarar a la comunicación y
al acceso a la información como derechos humanos y democratizar el acceso al
espectro radioeléctrico que es un bien escaso. Hoy en día, la Autoridad Federal
de Servicios de Comunicación Audiovisual (AFSCA) ha sido intervenida por el
nuevo gobierno y no se permitió que el titular, Martín Sabbatella, concluyera
su mandato, entre otras graves consecuencias. ¿Qué opinión te merece todo este
proceso?
-En principio, cuando apareció la nueva Ley de Medios en
realidad yo pensaba que cualquier Ley de Medios parida a la luz de una
democracia, aunque de baja intensidad pero democracia al fin, iba a resultar
mucho mejor que esa ley, la 22.285, firmada por Videla, Martínez de Hoz,
Harguindeguy, Elena Amadeo y Washington Pastor. Curiosamente esa ley de los
militares tenía un artículo, creo que era el 45, que era antimonopólico.
Curiosamente, digo. Tengo que admitir que esa ley de los militares tenía un
artículo antimonopólico. Antes de la salida de la nueva Ley de Medios estuvimos
como 25, 27 años de democracia y nadie pudo tocar esa ley. Seguíamos con la ley
de los milicos. El único artículo que se había tocado, lo recuerdo, era ese justamente
que le impedía a Clarín tener un multimedio. Cuando se anula ese artículo, fue
lo único que se tocó de la ley de medios de los militares. Qué curioso, ¿no?,
que en veintipico de años no se haya podido tocar, 300 diputados, 100
senadores, en este país, no se metieron nunca, como no se han metido todavía
con la Ley de Entidades Financieras. Siguen pasando los gobiernos y de eso no
se habla. Pero el caso de la Ley de Medios del kirchnerismo tiene un par de
costados, digamos en líneas generales, se puede analizar mucho más en
profundidad, pero vino a reemplazar una ley de los militares lo que en sí es
bueno. Se parió a la luz de una reyerta entre el gobierno y el Grupo Clarín lo
que en sí es horrible. Parir un una ley para de alguna manera justificar o
blandir una especie de garrote, porque la Ley la hicieron y la tuvieron
cajoneada un tiempo, iban como amagando, ‘mirá que si pasa tal cosa saco la
Ley’. Bueno, la Ley salió al final cargada de defectos y llena de virtudes.
Cuando Macri asume el gobierno lo primero que hace es deshacer esa Ley que le
estaba impidiendo al Grupo Clarín continuar con sus negocios. Es decir, le hizo
el campo orégano. Pero también, si
miramos desde el punto de vista de lo negativo lo que está haciendo es terminar
con esa Ley, a ver si se puede parir una nueva, pero terminar con esa Ley, y
con todos sus costados perversos que tenía, ya que insisto, fue parida como un
arma para ‘combatir a’ y no una Ley para el beneficio de la gente.
-Dentro de los
defectos y las virtudes de la Ley de Medios que mencionás, ¿cuáles podrías
destacar?
-Como virtud, el famoso tercio dedicado a aquellos medios de
comunicación que no son negocio, a esas ONG que necesitaban comunicación, las
universidades y a todas aquellas instituciones tipo cooperativa que no tenían
acceso, eso me parece realmente bien. Ahora, también en la continuidad, poca
bola le dieron en la aplicación de esa Ley cuando a todo ese tercio no le
facilitaron ni dinero para financiar proyectos ni le facilitaron la frecuencia.
Digo en general, algunas saltarán y dirán ‘no, a nosotros nos dieron’ pero en
general cuando uno trata de analizar estas cuestiones se trata de tener una
mirada un poco más abarcadora. No le dieron bola al tercio y eso me parece que
fue negativo.
-Como decía Rodolfo
Walsh, “el periodismo es libre o es una farsa”. ¿Cuáles serían tus consejos
para un/a estudiante de Comunicación o alguien que está haciendo sus primeros
años en el periodismo?
-Lo voy a corregir a Rodolfo Walsh, el periodismo es una
farsa. No necesito agregarle el pedacito que Rodolfo, en aquellos momentos de
lucha, le agregaba. Hoy en día la información se ha convertido en una mercancía
concretamente; se compra y se vende. Con lo cual, carece de credibilidad
absolutamente. No hay medios creíbles o medios no creíbles. Son todos
increíbles. Entonces digo, bueno, cuál es el consejo para alguien que está
comenzando a estudiar, primero el reconocimiento de la realidad, no dejarse
engañar por esta realidad, generar pensamiento independiente, generar pensamiento
crítico; casi te diría transformarse hoy en día a cómo están los medios en una
especie de cínico, ‘no le creo a nadie, me creo a mí mismo solamente’. Esto no
sé si sirve para un estudiante de periodismo, tampoco sé si sirve estudiar
periodismo, tampoco sé si el periodismo existe o existió alguna vez tal y cual
lo imaginamos. En algún tiempo pensábamos que existía la posibilidad de la
objetividad. Después eso nos lo sacamos de la cabeza, no por corrupción sino
por André Malraux, por ‘La condición humana’. El ser humano tiene un sistema
perceptivo, percibe per sé y cuenta lo que vio, cuenta lo que oyó y cuenta lo
que sintió, por lo tanto toda información es subjetiva, o subjetiva a algún
medio o subjetiva a aquel que la escribió, subjetiva al periodista que la
redactó o al que la dijo. La objetividad en realidad hemos demostrado, no
existe. Y no tiene por qué existir. Lo que yo necesito es creerte. Lo que yo
necesito es creer en la imagen que vos me estás transmitiendo pero también lo
que yo necesito es generar albedrío, pensamiento independiente para no comerme
todos los sapos. Sino como sociedad estamos transformados en un ato de
pelotudos que nos creemos todo lo que los medios van diciendo. Peor todavía,
nos polarizamos. Entonces le creemos a Página|12 o le creemos a Clarín. Otro
disparate el tema de la polarización. Por qué no una postura libre, de libre
pensador, donde vos puedas analizar como lo hicimos recién que algunas cosas de
la Ley estaban bien hechas y otras cosas eran un disparate, que algunas cosas
estaban bien pensadas pero después muy mal construidas. Entonces digo, a mí me
gusta que el periodista que me está contando algo tenga un pensamiento propio
para que, si yo también lo tengo, se produce una confrontación, me entran
balas, puede el tipo modificar mi estructura de pensamiento, pero primero tengo
que tener una estructura.
-Has entrevistado a
un centenar de músicos de la talla de Atahualpa Yupanqui, Cuchi Leguizamón,
Leda Valladares, Jorge Fandermole, ¿Qué es lo que más te gusta de tu profesión
y trayectoria personal?
-Creo que el haber elegido en un momento dado el tipo que yo
quería ser, qué tipo quería ser. Bueno, hay diferencias con algunos otros
conductores y periodistas. Hay mucha gente que compra una especie de overol,
una especie de muñeco, se lo pone, labura de ese muñeco y después se lo saca y
se va a su casa, retoma su vida. Yo siempre traté, en lo posible, de ser lo más
yo que se pueda, lo más genuino que se pueda tanto en el aire como fuera del
aire. Tanto es así que a mí se me han mezclado un poco los personajes y yo sé
que soy una especie de personaje, me divierte esto, no lo vivo como una
esquizofrenia, me divierte esto y me divierte haber podido elegir en un momento
dado ser lo más genuino posible. Decir las cosas que pienso, pensar en voz
alta, cosa que para algunos es muy peligroso porque en líneas generales lo que
hay que hacer es autocensurar un poco las cosas. Digo, yo soy un poco más
zarpado, no como vidrio pero soy un poco más zarpado y entonces creo que eso
también va conformando un estilo de trabajo y de comunicación.
-Estás en pareja con
quien fue tu productora, Leda Berlusconi, tienen cinco hijas, tres de tu
matrimonio anterior y dos de ambos. ¿Cómo surgió la idea de venir a San Marcos
Sierras y a levantar esta hermosa hostería ‘La Merced’?
-Creo que la idea, como tantas otras en otra gente también,
puede surgir a partir del reconocimiento, de la percepción y el reconocimiento
de lo que significan los ciclos. Aquí hay que insistir en un ciclo que vos vas
viendo, avizorando, te vas adelantando, que en algún momento se va a terminar.
No queremos largar nada, no queremos renunciar a nada, no queremos
desprendernos de nada, es una cosa que cuando la trasladás a los ciclos de la
vida y de la existencia poca gente de alguna manera lo piensa muy seriamente y
decide de acuerdo a ese pensamiento. Entonces nosotros, bueno, yo viví en
Rosario hasta los 35 años, después me fui a trabajar a Buenos Aires, vivimos
con Leda 20 años en Buenos Aires, en el centro de Buenos Aires en Callao y
Corrientes, vivimos 20 años muy lindos pero también creo que tenemos una viveza
interesante. Nos vamos dando cuenta de cómo van cumpliéndose esos ciclos y nos
vamos adelantando. Yo siempre le digo: ‘vamos a adelantarnos al destino’.
Nosotros alguna vez construimos una casa muy linda donde vamos a veranear en
San Marcos Sierras siempre con el sueño de irnos en algún momento. ¿Qué estamos
esperando? Notamos en un momento, allá por el 2004, que los medios comenzaban
como a embudarse. No existía lo que existió hasta hace poco y existe hoy en día
que es la polarización. No se hablaba de polarización, no se hablaba ni de
grieta, ni de esas cosas, se hablaba del pensamiento único. Todo el mundo decía
lo mismo. Nadie sacaba los pies del plato, todo el mundo opinaba lo mismo,
parecía que estaba todo bárbaro. Y en realidad, nos empezamos a dar cuenta que
ese pensamiento único estaba de alguna manera influenciando el pensamiento de
aquellos que trabajábamos en los medios. Y dijimos: ‘nos va a resultar cada vez
más complicado conseguir lugares donde trabajar con cierta libertad, con cierta
independencia, con esa que nos gusta a nosotros. ¿Habrá llegado el momento de
pasar a otra cuestión, de pasar a otro ciclo en nuestra existencia antes de que
el destino elija por nosotros, antes de que esta ciudad, Buenos Aires, nos
eche? Vámonos así podemos volver. El que se va sin que lo echen vuelve sin que
lo llamen. Bueno, vamos así podemos volver a esta ciudad. Decidamos nosotros un
poco antes’. Fue así como nos vinimos, esta casa ya estaba hecha, yo me
construí este estudio y empezamos a hacer la hostería. Y la verdad es que hace
12, 13 años ya que estamos acá, desde enero del 2004, y estamos muy bien.
-¿Te gusta el trato
con los visitantes o preferís más resguardarte en tus quehaceres cotidianos?
-Me gusta el trato, me gusta atender la hostería en función
de las cuestiones prácticas que van haciendo falta. Yo hago el mantenimiento,
me meto con electricidad, agua, cañería, lo que fuere y la verdad es que todo
eso me entretiene y simultáneamente me voy relacionando con la gente. Mucha
gente viene acá a visitarme, a ver cómo estoy, a ver qué estoy haciendo, etc.
Ahora hay un chico afuera que vino a verme de otro lado, que ya lo vi con una
bolsa con unos salamines, que yo rompo mucho las pelotas con el tema de los
salamines, bueno, viene a saludarme, a charlar un rato como estás charlando vos
ahora. Y yo decidí, bueno, en un momento dado dije: ‘yo provoqué este afecto,
este cariño, este acercamiento’; ahora no puedo hacerme el histérico y decir
que yo no atiendo más a nadie porque estoy cansado, eso me parece una
estupidez, Me parece que hay que de alguna manera ser consecuente con lo que
uno ha hecho por lo tanto yo salgo y saludo a todo el mundo. A algunos con más
extensión y otros con menos extensión pero yo saludo a todo el mundo y, bueno
lo has visto, en la hostería, durante los desayunos por ahí agarro la guitarra
y silbo algunos temas. Cantar a la mañana sería una ridiculez y la verdad es
que no quiero hacer un show, no puedo, no estoy en condiciones de hacer un show
pero puedo acompañar con un poquito de música silbando y tocando algunos
acordes en guitarra.
-¿Cómo te llevás con
esta parte de nuestra historia que ha dejado una herida abierta, que fue la
dictadura cívico militar, el Terrorismo de Estado? ¿En tu juventud has militado
en alguna organización? Lo que nos quieras compartir.
-Nunca milité y siempre estuve analizando cuál fue mi grado
de, sino culpabilidad, mi grado de responsabilidad. Y siempre estuve con esta
autocrítica encima. Tengo 65 años, en el año 78 yo protagonicé un programa muy
famoso en la ciudad de Rosario llamado ‘La mañana entera’ en una radio que se
escuchaba mucho en toda la zona, eran muchos millones de habitantes, porque
excedía la ciudad de Rosario y llegaba a casi toda la provincia de Santa Fe,
por una radio que se llama LT8. Año 78, yo tenía 28 años. Digamos que
difícilmente uno pueda aducir ignorancia. Y si uno aduce ignorancia está de
alguna manera, trabajando en un medio de comunicación, reconociendo un grado de
responsabilidad. Cómo vas a ser ignorante de una situación si trabajás en un
medio de comunicación. No es posible, no estás trabajando en una bulonería.
Estás trabajando en un lugar que de alguna manera estás modificando esquemas de
pensamiento de la gente que está escuchando. Estás incidiendo en su
pensamiento. Pues bien, yo no incidía en nada, yo me divertía mucho y la verdad
es que acataba algunas órdenes que llegaban del segundo cuerpo del Ejército de
Rosario, como puede ser un librito con los prohibidos, entonces Víctor Heredia,
Mercedes Sosa, Hamlet Lima Quintana, todos ellos no podían salir al aire y yo
acataba esto. ¿Cuál es el grado de responsabilidad? No entregué a nadie, eso me
queda bien claro. Pero yo estaba trabajando en un medio de comunicación. ¿Cuál
es el grado de, insisto, no de culpabilidad, de responsabilidad? Porque si no
me gustaba como estaba la cosa y si entendía que la cosa estaba peligrosa, pues
bien, andate; pues bien, dejá de trabajar ahí; pues bien, dejá de aprovechar el
medio de comunicación como una herramienta simplemente para vivir, no es una
herramienta simplemente para vivir. Quizá al no haber reaccionado de esta
manera en que te estoy describiendo, por eso estamos charlando ahora y yo un
ser vivo, pero bueno, hay que pensar en qué hacía uno en ese momento, no los
demás, qué hacía uno en ese momento. Yo no he escuchado autocríticas de
periodistas que tengan mi edad y hayan dicho: ‘bueno, yo en esa época hice tal
y tal cosa y la va verdad es que (…)’, yo no he escuchado eso, nadie habla de
eso. Digo, cada uno tiene que meterse un poco para dentro y hacer un análisis
de lo que le pasó, de lo que pasó en ese momento si es que, insisto, tenía a su
cargo un medio de comunicación o tenía a su cargo 40 alumnos en un aula, o
tenía a su cargo cinco hijos, o cuatro hijos, o tres hijos, o dos hijos.
Digamos, si nosotros como sociedad no podemos hacer una autocrítica de eso, no
vamos a poder construir nada y le vamos a seguir echando la culpa a Cristina, a
Macri, a Menem, etc.
-¿Cómo es tu
acercamiento a la música?
-Entrevistaste a
Fidel Castro en Cuba. ¿Cómo fue esa experiencia?
-Nos invitaron a un Congreso de Periodistas Latinoamericanos
y Caribeños en octubre del 2001 y personalmente yo no sabía que iba a estar
Fidel en el Congreso, suponíamos que alguna pasada iba a hacer. Bueno, pues
estuvo los cuatro días con nosotros. Terminaban las ponencias y las sesiones,
yo estaba sentado en primera fila, se dirigía a mí porque yo estaba allí. Le
llamaba la atención que yo era un argentino bien alimentado. Bueno, se armaban
charlas interesantes y muy ricas con un tipo que en ese momento estaba gozando
de buena salud. Es un tipo que tiene mi altura, los ojos claros penetrantes, es
de los que te empujan cuando te hablan, me empujaba todo el tiempo con el dedo
acá (se señala el pecho cerca del hombro). ‘Tú tal cosa y tú tal otra’ y te
estaba empujando. Y bueno, teníamos la oportunidad de preguntarle cosas. Yo le
pregunté a él qué es lo que iba a pasar con Cuba después de Fidel, ahí se hizo
un silencio. Yo dije, ‘sí, yo la pregunta se la hago, porque todo el mundo se la
hace, pero no la hacen a usted, ¿no?, que en definitiva es el mentor y el
responsable de esta cuestión’. Usa mucho el humor, tiene muchísima información,
él en octubre nos dijo’ Argentina va a estallar, no hay país que pueda aguantar
lo que ustedes están aguantando’, dicho en cubano, ¿no? Y faltaban dos meses
para diciembre del 2001, que es nuestro gran quilombo. Yo lo miré a Miguel
Bonasso que estaba ahí, estaba Luisito Bruschtein, que era el editor de
Página|12, lo miré como diciendo ‘será una metáfora del viejo, porque dijo la
Argentina va a estallar’, dos meses antes. Así que al día siguiente, como Luis
era el editor de Página|12, bueno, desde ahí mismo armamos toda la noticia y al
día siguiente salió a página entera en portada la foto de Fidel y título
catástrofe ‘Argentina va a estallar’. O sea que es un tipo que maneja un nivel
de información insólito. Dedica su vida a la información y a la lectura. Dedicó
su vida a la Revolución. Se puede discutir con él con respecto a si una
revolución puede durar 50 años o no, o qué le pasa a una revolución que dura
cincuenta años siendo una revolución, se supone que pasás a otro estadio, que
es un estadio de alguna manera con un término, no para siempre. Y que las cosas
para siempre como en este caso van produciendo un desgaste interno muy grande.
Bueno, con él se puede hablar de todo esto. Hay cubanos con los que no podés
conversar de esto porque o se enojan, o creen que estás en contra de Cuba. Pero
hay otros cubanos con los que se puede charlar desde adentro. Estoy planeando
ahora un viaje a Cuba porque ese viaje que hicimos a La Habana donde lo
conocimos a Fidel, en realidad yo no conocí Cuba, estuve cuatro o cinco días
metido adentro de un hotel con comisiones, laburando porque fue una invitación
de Cuba, no nos invitaron a hacer turismo, nos invitaron a un Congreso de
periodistas, o sea que bueno, había que trabajar. Nos pagaron todo. Éramos como
400 periodistas latinoamericanos y caribeños. Fue una cosa muy grande y muy
interesante.
-¿Qué opinión te
merece el hecho de que Cuba y Estados Unidos hayan reanudado relaciones
diplomáticas?
-Era inevitable. El otro día yo decía ‘bueno, a ver, vamos a
acordarnos de nuestras invasiones inglesas. ¿No? Que los rechazamos, que
Beresford, que el aceite hirviendo en las calles, que las negras y los negros
del Río de la Plata hirviendo la grasa para tirarles y ay, los sacamos cagando
a los ingleses y seguimos festejando el triunfo sobre las invasiones inglesas.
Se fueron y se dieron cuenta de que la verdadera invasión venía por otro lado, la
verdadera invasión es cultural, la verdadera invasión es con los negocios, la
verdadera invasión en ese momento era el contrabando, o sea que nos ganaron las
invasiones inglesas no en una batalla como la que ganamos nosotros sino a
través de todo el tiempo. Bueno, Cuba tuvo su Bahía de Cochinos y festejando
todavía hoy en día el triunfo sobre las fuerzas norteamericanas en Bahía de
Cochinos, pero bueno, los norteamericanos también se dieron cuenta de que no
era interesante ese tipo de sistema. Es mejor la colonización cultural. Y
avanzar con los neones, con el packaging y con toda aquella cosa que seduce al
ser humano sí o sí desde los vidriecitos de colores a los indios hasta hoy en
día que nos siguen seduciendo con el consumo. ¿Entonces qué pasó? Bueno, los
medios de comunicación empezaron a llegar y a invadir el pensamiento cubano y
era, te diría que era casi cantado que esto iba a suceder. También es casi
cantado que hay mucho joven en Cuba que se está yendo de Cuba, se está yendo a
buscar otros horizontes, ¿por qué? Porque vio los otros horizontes.
Lamentablemente te hacen ver lo que quieren ver, entonces te parece que todos
los horizontes son como doraditos y están cargados de volutas y son
maravillosos pero no es así, el mundo es otra cosa. De cualquier manera,
insisto, de la misma manera en que se festejó mucho el triunfo sobre las
invasiones inglesas y luego nos dimos cuenta de que entre el empréstito a la
Baring Brothers y todas las deudas que tenemos, estamos siendo colonizados
desde hace mucho tiempo. En Cuba pasa lo mismo por lo tanto parece ser como un
destino implacable esta relación nuevamente con Estados Unidos. Fue Estados
Unidos en definitiva quien transformó a Cuba en un prostíbulo en los años 30,
en los años 40, hasta la llegada de la Revolución, hasta Batista. Bueno, al
Revolución le devuelve a Cuba una dignidad como gente, pero no alcanza. ¿Por
qué? Porque la dignidad dejó de ser un valor interesante y apreciable. Más vale
tener un Audi.
-¿Tenés la necesidad
de estar informado al respecto de lo que es la agenda mediática hegemónica para
nutrir tu labor profesional o preferís mantenerte al margen de eso?
-No necesito esa agenda. Yo hago un programa semanal que se
llama El Desconcierto, que lo hago en este estudio donde estamos. Hace como
ocho años que estoy haciendo este programa por streaming (vivo por internet).
Lo subo a una página de la cual se puede bajar libremente, no hay password, no
hay IP, número de nada, es totalmente libre y gratuito. Yo lo hago por
comodidad mía personal los miércoles de 10:00 de la mañana a una de la tarde y
mientras lo hago estoy haciendo el streaming, o sea que aquel que quiera
escucharlo en vivo pone www.eldesconcierto.com.ar
y escucha el programa. Y quien quiere escuchar programas anteriores, son de
tres horas de duración, o sea que hay tres documentos mp3 que yo subo a la
tarde, cuando termino el programa, como lo he grabado en esta compu, hago la
compresión en tres documentos y lo subo la misma tarde y hay como 80 emisoras
que algunas lo pasan en vivo bajando el streaming mientras lo estoy haciendo
pero otras no, lo buscan a la tarde o al día siguiente y lo pasan otros días.
Tengo al “Negro” (Martín) Incolla como productor. Lo más gracioso de esto es
que yo laburo solo acá porque el “Negro” vive en Casa Grande, tengo otra que
vive en Santa Rosa de Calamuchita, y después está el (Raúl) “Bigote” Acosta en
Rosario, Luisito Mattini en Buenos Aires, Pedro Brieger que siempre anda dando
vueltas por el mundo y yo lo llamo y es columnista también. Es decir, es una
experiencia sumamente interesante, ya que estoy en el interior del interior. Ni
siquiera estoy en Córdoba Capital, estoy a 150 kilómetros al noroeste. No
necesito leer diarios, no necesito escuchar radio, con solo estar incorporado a
la vida, a las cuestiones que van sucediendo no solamente en Buenos Aires
porque parecería ser que lo que no sucede en Buenos Aires no sucede
directamente, ¿no? Así que no estoy prendido a la teta de la información de la
agenda oficial.
-¿Hacés un vino
casero que se llama “Flor de Peludo”?
-Sí, tengo un amigo en Chilecito que se llama Federico Isaza
que tiene unas cuantas hectáreas de viñedos y siempre voy y le robo unos mil
kilos de uva. Él me llama y me dice ‘mirá, la cabernet está bien ahora’ o ‘vení a buscar la bonarda’, o ‘la
malbec está rica’ y que se yo, entonces yo me voy con mi vieja chata F100,
modelo 71 y un carro, y mis 60 cajones de plástico y me traigo unos mil kilos
de uva. Hago el viaje desde Chilecito hasta acá que son como 400 y pico de
quilómetros, el mismo día que cortan la uva, ahí nomás arranco para acá y
cuando llego hago la molienda. Tengo mi máquina moledora, mis tanques y bueno,
a veces con diversa suerte, a veces me sale rico, a veces no.
-Tienen un sistema de
agua para la hostería a partir de una perforación. ¿De qué se trata?
-En esta parte del pueblo hay agua corriente. El agua
corriente siempre es escasa, entonces cuando nosotros dijimos ‘vamos a hacer
una hostería’, pensamos ‘no podemos depender, una hostería con diez
habitaciones, por más que sea una hostería chica, no podemos depender del agua
corriente’, entonces hicimos hacer una perforación tipo ‘búsqueda de petróleo’
en la parte de atrás del terreno y estamos sacando agua de nuestra propia
perforación a 30 metros. Tenemos como amuleto la canilla cerrada del agua
corriente que ingresa de la calle por si nos falla la bomba o cosa por el
estilo. Pero en realidad, la alimentación de los tanques de la hostería es una
alimentación que depende de la corriente eléctrica. Porque si hay corriente
eléctrica sube el agua desde la bomba hasta los tanques. El agua, insisto, está
a 30 metros de profundidad. Muy rica.
-Hiciste un viaje en
moto a Machu Picchu con un amigo. ¿Cómo fue esa experiencia? ¿Lo volverías a
hacer?
-Eso fue muy loco. Ayer charlábamos con un amigo del alzhéimer,
cuando llegás a los 65 años empezás a charlar del alzhéimer, es maravilloso. Y
uno de los consejos que es por ahí casi estúpido, pero uno de los consejos que
aparecía es que para aventar el alzhéimer y cualquier enfermedad que tenga que
ver con la memoria, tenés que alejarte de hacer siempre lo mismo. ¿Viste que
nos bañamos de la misma manera, hacemos los mismos movimientos? Todo el día
está compuesto de un montón de movimientos repetitivos. Aquellos tipos que
estudian neurociencia lo primero que hacen es aconsejarte que hagas cosas
distintas todo el tiempo y que estés con la cabeza como con una especie de
gimnasia permanente porque lo que te da el tedio, el aburrimiento de hacer
siempre lo mismo, es la seguridad de que no te vas a equivocar, siempre hacés
lo mismo entonces va a estar todo bien. Pero resulta ser que te están
aconsejando lo contrario. Yo no me había subido nunca arriba de una moto, vino
el hijo de un amigo que tiene la mitad de mi edad y dijo ‘me voy al Machu Picchu
en moto’, le dije ‘te acompaño’, me dijo ‘pero si no sabés andar en moto’,
‘aprendo, hay tanto boludo dando vuelta en moto, un boludo más no puede haber’.
Me dice ‘pero si no tenés moto’, ‘y la pido’. Así que bueno, le pedí la moto a
un amigo, una moto grande y nos fuimos a una aventura maravillosa, 45 días, me
caí de la moto, claro, como corresponde a todo imbécil que se sube por primera
vez arriba de una moto, sin peligro porque en ese sentido soy cuidadoso, me
podría haber pasado cualquier cosa, pero pintando arriba de una escalera te
puede pasar cualquier cosa, y después cuando volví, volvimos de ese viaje
maravilloso, me compré una moto, me compré una Hamaha Virago 750 y el mismo
dueño al que le devolví la moto, a mi amigo, me dijo ‘me voy a Florianópolis a
visitar a mi hija que vive allá’. ‘Te acompaño’, dijo Pesoa. Así que me subí yo
arriba de mi moto y él arriba de la suya e hicimos un viaje también, de un
montón de días de acá hasta Florianópolis y de ahí a un pueblito donde vivía la
hija y nos quedamos diez días allí tonteando por Florianópolis. O sea que fue
otro viaje maravilloso. Pero como te digo, ¿viste? van pasando las etapas y vos
vas reconociendo en qué momento ‘bueno, ya está’, ¿no? Esto de la moto me parece
que ya está estando. En una época me gustó volar e hice el curso de piloto y volaba durante ocho, diez años, hasta que
después dije ‘bueno, a ver, esto ya está. No pienso hacer toda mi vida esto’.
¿Viste? No es que me canse de las cosas, es que aparecen cosas que me atraen
más. Esto pasa.





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