domingo, 14 de febrero de 2016

Leda Berlusconi: “No hay lugar en el mundo donde trabajar de periodista sin quedar enredado en un comercio de información imposible de desanudar”



Desde San Marcos Sierras, Córdoba, entrevista a Leda Berlusconi, comunicadora social con orientación en periodismo. Directora, coordinadora y productora de programas radiales. Analista social relacionada con diversidad de movimientos sociales.

-Fuiste productora de Quique Pesoa, tu pareja y compañero de vida pero vayamos a tus inicios. ¿Cómo comenzaste la carrera de comunicadora social?

-Estudié la carrera que era la de Licenciatura en Ciencias de la Comunicación Social con Orientación en Periodismo en la Universidad Nacional de Rosario. Digo era porque eso después cambió. Yo soy plan 77 que fue el primero que se habilitó después de la dictadura. Entré justo a la facultad cuando comenzó la democracia. En ese momento eran cuatro años y trabajamos un plan que había quedado suspendido en la facultad cuando los militares cerraron la carrera. En Rosario la cerraron, existía de antemano. No es como en Buenos Aires que se creó nueva. En Rosario existía la carrera y el gobierno militar la cerró. Yo me gradué ahí de Comunicadora Social. De todo lo que había en el mapa laboral de la carrera lo que más me interesaba era la radio. Así que empecé a trabajar en una radio de Rosario, en LT3 tuve mi primer trabajo en el año 84. En ese programa éramos pasantes con otra compañera de la facultad y después se terminó y ya la radio no habilitó pasantes de la facultad. Costaba mucho trabajo trabajar en Rosario por lo tanto me dediqué a terminar la carrera y conocí a Quique en el último año. Fijate que nosotros vivíamos en la misma ciudad, en Rosario, Quique era una persona muy conocida, como decirte (Héctor) Larrea o Fernando Bravo en Buenos Aires pero nunca nos habíamos cruzado. Él no era docente en la facultad, se dedicaba más a la locución, había fundado una escuela de locución y nunca nos habíamos cruzado. Yo sí tenía un grupo de pertenencia en el que estaba su ex mujer, que era una Mesa del Cairo dedicada a las chicas de Comunicación. Pero lo conocí en Córdoba porque en un momento dado, en el último año de la carrera la facultad de Córdoba organizó un Congreso de Comunicación en conjunto con la carrera de Rosario, un Congreso de Comunicación y Educación. Y ahí me anoté para venir. Vinimos un grupo grande de Rosario, vinimos muchos compañeros de facultad. Era súper interesante porque íbamos a discutir no solo el rol del comunicador como periodistas sino como formador de opinión, como educador. Y después, no solo el docente como educador sino como comunicador. Creo que por primera vez se discutía eso en un mismo plano. Vinieron a ese Congreso muchísimas maestras de la provincia de Córdoba, de distintos lugares. Pero bueno, fue medio un fiasco porque cuando llegamos los organizadores no estaban, no estaban armadas las comisiones. Teníamos el hotel y todo pero no había debate para realizar. Entonces se organizó una especie de grupo de choque para negar la validez de ese Congreso o por lo menos solicitar que se rediscutiera porque en un momento ellos dijeron 'no importa, sacamos un comunicado con unas conclusiones que ya habíamos escrito antes y chau'. 'No, dijimos nosotros'. En ese grupo éramos como 150 personas y se eligieron a dos personas para que escribieran un documento y lo leyeran. Entonces un grupo de la facultad me eligió a mí para que escribiera el documento y otro grupo lo eligió a Quique para que leyera ese documento y fuera la figura; era el tipo más conocido, claro. Así que esa noche, los dos sabíamos el uno del otro, pero esa noche nos conocimos. Tuvimos que estar toda la noche definiendo y escribiendo; viste que hablar en plural es complicado y también hablar en nombre de gente que no habíamos visto nunca. Así que ahí nos conocimos, nos hicimos amigos, empezamos a frecuentarnos en los ámbitos de la comunicación y él ya se estaba yendo de Rosario, echado de todos lados y cuando llegó a Buenos Aires no tenía equipo de producción para un programa que iba a hacer en Radio Continental entonces nos habló a mi amiga Cecilia y a mí para que le hiciéramos la producción desde Rosario. Era complicado porque no existía internet, ni los celulares, ni las computadoras. Se escribía en las máquinas de escribir con tinta, se armaba la carpeta con toda la producción escrita y se despachaba por correo o por una empresa de transporte a Buenos Aires. Era muy complicado pero bueno, lo hicimos.

-¿Qué frecuencia tenía el programa?

-Ese programa era diario, se llamaba “Diferencias” y salía todos los días de lunes a viernes a la noche, a la madrugada de Radio Continental am. Él después hacía otro programa pero ahí tenía producción. Eso es lo primero que hice con Quique. Después yo me fui a vivir a Buenos Aires y trabajé con Fernando Bravo. Fui productora de Fernando Bravo por tres años, uno en Del Plata, dos en Rivadavia. Y también le hice un reemplazo a un compañero de Radio Rivadavia que era productor de Larrea, Horacio, que tuvo un problema de salud y entonces me quedé haciendo la producción de Larrea esos tres meses que no fue a trabajar.

-En el ejercicio de la comunicación, te desempeñaste en producción pero ¿te interesa también ejercer otras tareas?

-En un momento dado cuando se decidió abrir la carrera de la Licenciatura en Buenos Aires presentamos un proyecto a los nuevos directores que iba a tener, para dirigir el taller de radio con Quique, con Reinaldo Martínez de Radio Continental y con dos o tres compañeros de laburo. Hicimos un proyecto. Pero en ese mismo momento, sin saberlo, Eduardo Aliverti presentó otro proyecto para dirigir los talleres de radio y se lo dieron a él. Entonces después ya no me presenté en otra situación académica formal. A veces doy talleres de comunicación y algunas charlas y cuando alguna radio comunitaria nos pide '¿podés venir a enseñarnos dos tardes o tres tardes?', bueno voy y hago eso como colaboración, no cobro por esa tarea.

-¿Cuáles son las tareas que más te gusta desempeñar dentro del ámbito de la Comunicación?

-La verdad es que siempre me gustó la producción de radio. Trabajé en editorial Abril, en la revista Vivir, en varios lugares. Hice un poco de gráfica, televisión, trabajé en Canal 2, en el 7. La gráfica no me gustó, nunca me gustó, no me sentí cómoda, los diarios tienen un ritmo y gente que le encanta eso de la gran redacción y estar todo el día ahí adentro y escribir. Y la televisión es un show permanente, nunca di el perfil; no me gustó. La radio es lo que más me apasionó y dentro de la radio nunca hice aire, siempre me gustó la producción, al principio hice producción y después, en la medida en que pasaron los años me capacité entonces me dediqué a la coordinación, producción ejecutiva. Buscaba productores, armaba equipos y coordinaba y dirigía.

-¿Cómo fue que se vinieron para acá, para San Marcos Sierras?

-Bueno, en un momento dado, cada uno por su lado hizo un proceso diferente. Yo me enojé mucho con la profesión en el sentido exclusivo de lo profesional, no lo académico. No era un problema solo en Argentina. No había lugar en el mundo donde trabajar de periodista sin quedar enredado en un comercio de información que era imposible de desanudar. La coordinación de producción, lo que tiene de lindo es que vos ponés dos o tres productores a laburar en una investigación, en una producción cualquiera, supongamos nosotros hicimos las investigaciones más grandes que fueron las privatizaciones, con cuatro productores en la calle que iban desde la creación de Entel hasta la división entre Telefónica y Telecom y el comercio que fue. Era interesante porque en ese momento sentías que podías llegar a desanudar todo eso, a desandar ese proceso y después vos lo podías contar como vos querías, era tu elección cómo le contabas al público esa información a la que habías logrado llegar hasta el final. No había nada que te filtrara nada. Pero llegó un momento en que eso fue imposible. Las redes de negociación eran tan grandes que nunca llegabas al final. Nunca desanudabas, siempre te quedaban 40 nudos inalcanzables y el negocio se hacía imposible de desarticular. Y ya tu discurso, por más que lo hicieras lo más transparente que pudieras desde tu ética siempre quedaba comprometido con algo. A alguien no lo denunciabas porque no habías logrado llegar hasta ese punto y entonces si no llegabas a ese punto eras cómplice. Era muy delicada la trama que se había logrado tejer en los años 2000. Después nosotros viajamos a algunos congresos internacionales y nos dimos cuenta de que por lo menos en Latinoamérica pasaba en todos lados. Después en el 2013 cuando fui a Europa y di unas charlas en Salamanca, me encontré con que ahí pasaba exactamente lo mismo que acá. No es un problema que endilgamos a nosotros los argentinos. Esto es parte de la globalización que nos anunció en el 50 Silvio Frondizi. Esto es así, imparable. Entonces está en vos querer pertenecer a ese riesgo o buscar otro camino. Yo sentí que no me daba más el cuerpo para pertenecer ahí. No podía firmar nada, no podía firmar una nota. No me quería hacer cargo de producciones complicadas. ¿Qué te queda? ¿El espectáculo, el deporte? El deporte es un negocio espantoso, es casi peor que la política. No te queda casi nada. En un momento nos embudamos en los movimientos sociales, en las asambleas, nos quedamos ahí, encontramos un lindo espacio de divulgación, pero era como la revistita de uno mismo de divulgación científica. En un momento solo hablabas de un microclima que no contemplaba la realidad social entonces hacés silencio con aquello y solo contás esta experiencia maravillosa de Zanón, pero es un hecho aislado que al fin de cuentas es como venderle estrellitas de colores a un oyente. Entonces en un momento decidí salir del periodismo. Justo en ese momento en que yo tomaba esa decisión absolutamente personal que no comparto con Quique porque él nunca se salió de la profesión, él tenía necesidad de salir de la ciudad, mucha necesidad de cambiar el estilo de vida. Y bueno, teníamos esta casita acá desde el año 85 en que la veníamos construyendo, techando una parte, techando otra parte, techando esto, poniéndole un jardincito, una habitación más porque había nacido otra niña, después otra habitación porque nació otra más y dijimos ‘bueno, por ahí nos podemos ir a vivir ahí’.

-De hecho ustedes compraron el terreno pelado.

-Nosotros compramos una parcela muy pequeñita que es esta que está rodeada de cañas acá, que no tenía nada porque, de hecho, lo último del pueblo por llamarle así no era la plaza, el pueblo terminaba antes. Antiguamente se desarrollaba hacia el lugar donde llega el micro. Entonces estar acá era, ‘bueno, vamos al pueblo a hacer las compras’. Después el pueblo creció hacia acá y esto que era todo un descampado se empezó a poblar. Cuando nosotros compramos este lotecito pequeño no teníamos vecinos, salvo esta casa antigua de acá, de la esquina. Entonces hicimos una casita muy pequeñita donde ahora vive mi mamá y es un bungalow y después, como somos muchos hicimos un comedor, luego un baño que quedó como afuera medio raro, después hicimos una habitación para acá y después las otras dos. Eso se fue haciendo con los sueldos. ‘Me guardo mi sueldo, vivamos con el tuyo y este va para ladrillos de San Marcos’. Se fue haciendo lentamente. Compramos este lote chiquito en el 84, 85, después, cuando nosotros tomamos la decisión de mudarnos pusimos en venta nuestro departamento en Buenos Aires, lo vendimos y nos vinimos con esa plata para acá y compramos el lote este donde están los coches y la pileta, los dos lotes del fondo donde está la hostería y un lotecito que es el callejón de entrada. Compramos todos esos lotes y los unificamos con un agrimensor y ahí empezamos a planear un hospedaje. Y tuvimos un tiempo de un proceso, primero pensamos en que el hospedaje tuviera salida hacia esta calle (señala San Martín), después nos dimos cuenta de que esa calle era muy ruidosa. Nosotros dormimos acá y nos damos cuenta de lo que es, no era el plan de descanso que nos imaginábamos para el pasajero. Pensamos que era mejor estar en el corazón de la manzana. Mi papá era arquitecto, lo había acompañado mucho en su estudio, había sido empleada de él pintando planos mucho tiempo mientras estudié en la facultad y Quique hizo cuatro años de arquitectura entonces pelamos los tableros y nos pusimos a diseñar la hostería y a construirla con ese dinero que trajimos de la venta de ese departamento en Corrientes y Callao, donde vivíamos.

-El estilo ‘Isla Negra’de Pablo Neruda que tiene la hostería en relación a los objetos antiguos que atesora, ¿fue algo que se les ocurrió a los dos o producto de una colección propia?

-Quique es un juntador de porquerías eterno (risas). Cuando armamos esta casa, como no teníamos un mango trajimos muchas cosas viejas: muebles, sillas, lámparas y cosas de un sitio donde Quique se crió, una estancia que en realidad ya no era estancia sino un terrenito que había quedado, una parcela, mejor dicho, que le había quedado a su papá, que se llamaba La Merced y era donde había nacido su papá. La había fundado su abuelo que se la había comprado a Urquiza.

-¿La estancia estaba en cercanías a Rosario?

-Eso estaba entre Sanford y Casilda en la provincia de Santa Fe. Ese abuelo de Quique había sido un político de la zona, que está por ahí el busto. Entonces teníamos muchas cosas así y dijimos bueno, aprovechemos y hagamos algo así medio colonial con el estilo de Córdoba de siempre, con la arcada y pongámosle esto antiguo. Pero nosotros hicimos un programa de televisión en un momento, “Cien años”, que relataba la historia del siglo. Lo hacía en varios bloques y para ir a esa historia, nosotros llevábamos los objetos que se usaban en esa época. Por ejemplo, cuando hablábamos de 1943, conseguíamos las lapiceras que se recargaban o, cuando hablábamos de 1920, las cámaras de fotos de que usaban en el 20, cómo se tomaba la fotografía y aprovechábamos el recurso del objeto, incluso de la vida cotidiana, nada extravagante, una cámara de fotos que podía tener un porteño de una clase media, o media alta, cuando salía de vacaciones con su familia, pero que era posible para alguien. Y la búsqueda de esos objetos la hicimos también con los televidentes. Pedíamos en el programa a la gente que tuviera objetos de la usanza de la vida cotidiana de sus abuelos o sus padres, que comprendieran la historia de 1900 al 2000 que nos lo prestaran. Entonces teníamos una productora a disposición para ir a buscar esos objetos a las casas. Pero en general la gente te decía, ‘yo te lo regalo, lo tengo tirado en el patio’, ‘lo tengo tirado en el galpón’, ‘odio este aparato que lo tengo hace un montón y nadie sabe qué hacer’ o ‘nadie lo quiere’. Entonces muchísimos de los objetos que están ahora en La Merced también son regalos de oyentes y televidentes como esa cardadora. Quique no solamente fue a buscar esos objetos en persona sino que las desarmó, las reparó y las rearmó para que estén en funcionamiento con su funcionalidad real. Si era una lámpara a kerosene, que no tenga una lamparita adentro sino que tenga el kerosene, la mecha original, todo el proceso.



-También, Leda, fuiste la transcriptora del libro “¿Estás ahí? Conversaciones sobre las palabras que importan” (2013) de Quique Pesoa en coautoría con Luis Mattini, a partir de las columnas que Mattini, entrevistado por Pesoa genera en el programa de radio. ¿Cómo fue ese trabajo?

-Cuando se tomó la decisión de hacer el programa desde acá, Quique dijo ‘ya no aguanto más sin hacer radio, quiero hacer radio’ y yo había decidido no trabajar más de periodista. Se buscó un equipo para que lo acompañe. Yo hice otro proceso. Me empecé a interesar por la investigación y encontré acá el tiempo y el espacio para leer, para estudiar, para reformarme y empecé a trabajar eso. Me concentré en un tema que me había interesado siempre que es la guerrilla en los 70, sobre todo la guerrilla guevarista, la del PRT-ERP. Entonces me puse a estudiar eso con mucho ahínco, a entrevistar gente, guardar material, visitar lugares. Cada vez que, por ejemplo, había una temporada buena de verano yo me separaba una plata y decía ‘esto es para mi investigación’ entonces me hacía dos o tres viajes en los meses que son más muertos, turísticamente hablando, para grabar. En este andar lo encontré a Luis (Mattini) y me hice muy amiga. Luis, además de ser un militante, bueno, un dirigente del ERP era un tipo que se había formado académicamente mucho y que se dedicaba mucho a la gramática. Era escritor en ese momento, tenía una producción ardua y era un tipo minucioso con el lenguaje, con el uso del lenguaje y de la gramática y con las palabras. Entonces se me ocurrió presentarle esta opción a Quique y de paso a Luis presentarle una opción nueva que era hacer radio y que nunca antes lo había hecho. Entonces se armó eso y yo escuchaba, desde mi trabajo allá en el fondo en la cocina, la columna y me daba cuenta de que después de dos o tres programas la gente seguía hablando de alguna palabra, o sea le quedaba como el rumrum de lo que esa palabra significó, podía significar y sus usos. Entonces me di cuenta de que podía hacer un diccionario, que podía estar en una biblioteca. Viste que el aire se va, lo perdés. Entonces les hice la propuesta a los dos que me dijeron ‘ni en pedo vamos a desgrabar eso’, ‘bueno, yo lo hago’. Eran casi 190 palabras en ese momento, que las desgrabé todas porque ellos iban a elegir qué palabras. Las desgrabé textual una por una para poder ver cómo había sido  la columna y después darle un guiño llamémosle literario. Hicimos unas reuniones, ellos definieron que mejor trabajábamos los tres, así que entre los tres hicimos una selección de esas palabras y después yo hice un reacomodo, tomé cada palabra y la reredacté para que fuera más amena. Después, Luis tomó esa palabra y nuevamente le dio un giro, porque en realidad lo que hizo fue darle un poco más de contenido que en la radio a veces no podés porque te urge, porque estás saliendo al aire, entonces las amplió un poco más, les puso un poco más de carga incluso política lo que en la radio no daba. Y después, esa misma palabra la agarró Quique y le dio como un poquito de vuelo, le sacó algunos clichés de la radio, le dio una vuelta más para que fuera más lindo de leer y que no se pareciera tanto a lo que se había escuchado. Y finalmente, la editorial Planeta puso un corrector que le dio ese último toque que hacen los correctores, ‘mirá acá redunda mucho la palabra tal porque claro, en un diálogo se repite y no se nota pero en el texto se nota, vamos a reemplazarla’, esas cosas que hacen los especialistas. Pero sí, fue un año y pico de trabajo y después un año largo para encontrar una editorial que lo quisiera publicar, que ese es un trabajo que también te lo encargo. Fui a todos lados con el librito abajo del brazo hasta que di con un editor en Planeta, Nacho Iraola, que me dijo ‘me interesa, lo hacemos’, y bueno, se publicó.     



-Ustedes tienen cinco hijas mujeres, todas con distintas profesiones e inquietudes llamativas.

-Las tres primeras son hijas de Quique de su primer matrimonio que muy jovencitas se vinieron a vivir con nosotros. Una tenía 12 años. Casi yo me crié con ella (risas). La mayor es diseñadora gráfica y deambuló bastante por el diseño gráfico independiente, vivió en Chile, en Israel, en algunos países probando suerte hasta que se halló en la CNC (Comisión Nacional de Comunicaciones) diseñando los manuales de radiodifusión y muchas otras cosas, los libros, todas las publicaciones que hizo la CNC; toda la gestión de Ceferino Namuncurá laburó ahí. Y cuando se complicó todo el año pasado, justo le habían pedido de INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria), que no tenían un diseñador que se ocupara de toda la folletería y las cosas que ellos necesitaban así que pasó a INTA y ahora está trabajando ahí. Después le sigue Marga que está viviendo en Oaxaca con su hijito León. Ella estudió varias carreras pero no terminó ninguna y trabaja de periodista. Pero bueno, es más joven, es un poco más moderna, de estos periodistas que solo andan con un microfonito y una compu y hacen todo. Entonces ella hace la producción completa de sus micros, después los locuta, los graba, los edita y los pone al aire. Trabaja para una ONG y para unos medios públicos de Oaxaca. Ahora hace poquito le dieron un premio. Se dedicó a todo lo que tiene que ver con la ecología y hace todo ella. Después está Lucila que es museóloga pero que también es locutora de la Metro y es la que resguarda todas las antigüedades que tiene el Fondo Nacional de las Artes. Es la encargada de proteger esas piezas que hay ahí. Con esta gestión nueva no sé si permanecerá en su puesto pero por ahora está ahí. Estudia mucho, viaja dos veces al año porque hace todos los seminarios que se dicten. Ella es especialista en tejidos. Hizo mucho de tejido incaico, de todos los tejidos de América, esos los hizo a todos, telares, pinturas, originales y es la que recuperó el chaleco de Belgrano que se lo había comido la polilla porque no estaba bien cuidado en el Museo Udaondo (en Luján) y el año pasado que fue el año dedicado a Belgrano lo querían volver a exponer y tenía un pedazo todo comido. Ella recuperó ese pedazo con telas del tejido original, tiñendo los hilos que se usaban en esa época. Se busca esa misma seda, es un trabajo. Y después hay que coser el bordado con hilo de oro, esas cosas que se hacían antes. Eso le apasiona. Ahora hace poquito vino de Lima de hacer un seminario allá. Después le sigue Mercedes que todavía sigue probando carreras, porque todas estudiaron muchas carreras hasta encontrar su destino. Trabaja en El Ateneo Splendid porque lo que le gustan son los libros. Quiso estudiar edición de libros en la UBA pero se perdió en ese mar de gente que hay en Puán y bueno, está viendo si lo puede resolver de otro modo. Pero trabaja ahí, es una apasionada de eso, tiene una pequeña editorial online libre que se llama Ediciones Frutilla y que está destinada a las adolescentes, sobre todo mujeres, que buscan leer una literatura que no sea la de siempre y además que escriban. Entonces ellos tienen un equipito de redactores y de correctores que corrigen y publican. Está contenta con eso pero es ad honórem. Y después está Catu que está haciendo quinto año, también eligió humanidades, viste que todas más o menos están por ahí. Quiere ser actriz, estudia para eso, estudia piano, estudia canto, estudia teatro, estudia inglés, porque además quiere ir a una escuela de actuación en Londres, quiere ir ahí a probar suerte. Son cuatro años y quiere ver si puede pasar la audición inicial y hacer la carrera ahí. Lograr alguna beca y estudiar ahí.

-Quique ha dicho en alguna oportunidad que sos la que lleva adelante la economía de la familia. ¿Cómo es trabajar aquí en La Merced?

-Vivir acá es raro porque es como que el tiempo lo decidís vos entonces muchas veces se te escapa y no hacés nada, y solo charlaste con alguien tomando mate; es raro el tiempo acá. Pero sí, en líneas generales la economía cotidiana la manejo yo, es decir que yo cobro los trabajos del estudio y los pasajeros, las dos cosas. Y llevo esas dos economías en paralelo y yo administro para primero pagar todo, los gastos que tiene este estudio y los gastos que tiene la hostería, le pago los sueldos a los empleados, soy la que está inscripta, digamos, la que se anotó en la AFIP, la que hace todas esas cosas desgastantes. Justo estaba con una planilla Excel en este momento pasando enero. Y hago las compras. Defino un poco el desarrollo de lo que vamos a tener en el tiempo porque me gusta que los pasajeros que vuelven se encuentren con la misma calidad que tuvieron hace tres años, cinco años, o hace ocho años. No solo en las sábanas y en la limpieza de la habitación sino en el desayuno, en muchos detalles que hacen a la marca. En este caso yo siempre digo, ‘me siento más honesta vendiendo esto que vendiendo noticias’ porque yo sé perfectamente cuál es la leche que uso o cuál es la harina para hacer el pan, o la lavandería que me desmancha las sábanas, o la clase de hilo de percal de 180 hilos que pongo en la cama. Aprendí ese oficio, me destiné a aprenderlo, lo desarrollo y lo administro. Hay años que da mucha pérdida y se sostiene con los trabajos del estudio, producciones, ingresos. Por ejemplo, como yo trabajé todo lo del libro, el libro lo cobré y les di a los autores una parte, me quedé con otra parte y el resto se destinó a todos los gastos que ocasionó ese trabajo que fueron muchos, hubo que viajar para contactar editoriales. Eso lo administro, me hago planillitas y digo ‘este trabajo va a tener estos gastos y esta ganancia’. Primero se pagan los gastos y lo que sobra es para los que laburaron. El caso del programa de radio es distinto. En el caso familiar es así. En el caso de la hostería, a la mañana bien temprano hay un empleado que tiene a su cargo el armado de los desayunos para recibir al pasajero que se levanta, pero él también es responsable de todo lo que pasa alrededor de ese despertar, que el salón esté en orden, que esté ventilado, que esté barrido, prepara la música. Para que llegues, te sientes a desayunar y haya un clima. Acordar que mientras vos estés desayunando, llegue la mucama y vaya a tu cuarto a hacerte el cuarto por si vos querés volver rápido a tu cuarto, que ya esté hecho. Esta organización. A veces hace falta que yo también esté porque hay más gente. Y yo cocino esos dulces, ese budín, el arroz con leche, algunas cosas a medias con mi mamá que tiene algunas viejas recetas, otras cosas a medias con Quique como el pan porque lo hornea él. Y hay otra persona más que se ocupa del parque que también es un elemento que el pasajero usa mucho y que es parte del lugar a donde te estás hospedando. Entonces hay que limpiar la pileta, hay que podar los árboles, hay que mantener la huerta, hacer la jardinería y eso lo hacemos con Celina que es la jardinera. Pero a veces no da el tiempo como los otros días que no se pudo, ella hizo su horario, el que está pautado, y bueno, igual había más fruta, más cosas así que seguí trabajando yo.                          



              


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